Acerca de sapos, príncipes y otros personajes

Costennita, amor y amistad, confesiones, costennita, sentimientos, sueños, yo, yomisma
Anhelando príncipes

Anhelando príncipes

TODAS SOÑAMOS CON UN AMOR DE PELICULA, vivir un amor tipo comedia romántica de Meg Ryan ó una novela de época al mejor estilo de Jane Austen; ese es el toque dulce de nuestra vida y lo que nos quita el aburrimiento en las tediosas tardes en las que a falta de novio lo único que se puede hacer es alimentar esas fantasías de la mano de una girlymovie con la amiga soltera de turno!

Pero los problemas comienzan cuando por querer alcanzar la luna no apreciamos la belleza de las estrellas, y en ese afán de vivir la historia perfecta podríamos simplemente perdernos la más romántica historia de amor verdadero jamás vivida, y lo mejor de todo REAL!. Porque a todas nos gusta la historia de la princesa y el sapo, pero a la hora de la verdad NADIE QUIERE BESAR AL SAPO!

Probablemente sea por algo tan sencillo como que el sapo en cuestión no se asemeja al príncipe azul soñado, o que hubiésemos preferido un príncipe que nos quitara lo de cenicientas, nos rescatara de nuestra malvada madrastra o nos despertara de la pesadilla en que vivimos. Pero al final de cuentas, para nosotras como mujeres lo realmente importante es que nuestro príncipe pueda ser mostrado en sociedad como lo que es, UN PRINCIPE! Aunque es bien sabido que cualquier príncipe azul se destiñe con la realidad y un sapo jamás se aleja del estanque, es necesario no olvidar que existen otros personajes que por querer vivir una fantasía encasilladas en estereotipos nos negamos ver!

Gracias a las ventajas y facilidades de conocer/hacer amigos por Internet, uno de estos personajes que nunca encontrarías en un cuento de hadas llegó a mi vida de forma inesperada. Comenzando todo con una ciberamistad, pasó a ser un fiel e incondicional amigo, hasta que se confesó como un paciente admirador enamorado, cabe anotar que en mal momento, pues en mi atolondrada mente y herido corazón cualquier especimen del sexo masculino, fuese caballero, sapo, príncipe, etc. a mis ojos compartían una misma definición: SAPOS!

Pero es tan fácil acostumbrarse a tener alguien con quien compartir buenos y malos momentos, un amigo incondicional que te acepta y quiere cualquier día de la semana, a cualquier hora y con cualquier pinta, que tolera tus cambios mensuales/hormonales como si nada hubiese ocurrido y en caso de no poder hacerlo, sabe cuando y como retirarse hasta volver a veces como si nada hubiese ocurrido o dispuesto a aceptar las disculpas que le fueron entregadas acompañadas de una botella de vino y una buena conversación…

En estos 14 meses pude aprender que toda la filosofía del final feliz de los cuentos de hadas y películas de amor se resume en lograr apreciar la frágil hermosura de un corazón desnudo, porque lo importante no es vivir una historia de película sino compartir momentos en pareja, es dejar de ver la luna y dedicarnos a vivir la vida apreciando los pequeños y frecuentes momentos que no son fabricados

Realmente es más fácil de lo que parece esto de aprender a compartir los silencios, y lo supe cuando colocó mi cabeza en su pecho y pude escuchar los susurros de su corazón diciéndome: “descansa, aquí estaré cuando despiertes”, fue el día que por primera vez escuché a mi corazón decir: “me alegra estar en casa” y sin pensarlo de mi boca salió un beso por no saber decir te quiero… Y luego, el día en que se arrodilló ante mí para colocar en mi pie una zapatilla, me enseñó que sin querer queriendo estaba viviendo la mejor historia de amor de mi vida!

Fiona/Coste & Shrek/él

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Ser o no ser… esa es la cuestión!

Palabras textuales

Tengo cosas en mente, muchas cosas que no plasmo en medios masivos por considerar que no tengo el don de tratar tan objetiva y artísticamente esos temas tan delicados que conciernen a mi sexo, pero conozco un lugar donde sé que puedo encontrar una representante de mi género que puede hacerlo; puede plasmar casi magistralmente sus pensamientos sin riesgo de ser malinterpretados.

Pasé tiempo sin visitar su santuario electrónico, pues había perdido su dirección luego de un rediseño en el blog con formateada de pc incluida; y para mi agradable sorpresa, hoy por esas cosas del destino volví a visitar su blog encontrándome con un escrito que describe perfectamente la encrucijada permanente de mi vida.

Mi dilema constante es el de ser una mujer de amor o de profesión, una Grace Kelly o una Shirley McLaine, una mujer en la ventana o una de apartamento… y como me siento identificada con sus palabras las tomaré prestadas!

Grace Kelly contaba que siempre había soñado con ser actriz. Tanto, que a pesar de la oposición de sus padres —un matrimonio irlandés muy religioso— a finales de la década del cuarenta, con menos de veinte años, se fue a probar suerte a New York. (¿Leyeron? Dije sola. En la década del cuarenta. Y a New York).

Dos años después de ese viaje, Grace Kelly ya era famosa, y filmaba su tercera película, Mogambo, por la que ganó su primer premio de la academia como actriz de reparto. Y eso fue sólo el principio. Siguieron varias películas con Alfred Hitchcock (La ventana indiscreta y Atrapa al ladrón, por ejemplo) o La Angustia de Vivir con Bing Crosby por la que se llevó un segundo Oscar; esta vez como actriz principal. (¿Leyeron? Dos Oscars antes de los veinticinco).

Pero como todos saben, ese mismo año —su mejor año— Grace Kelly dejó el cine para siempre. En una fiesta conoció al heredero de la corona monegasca, el príncipe Rainiero, su futuro marido, y abandonó su carrera para formar una familia en otro país. Y cuando digo todo, es todo. Porque una cosa es dejar un trabajo de secretaria y la casita materna, y otra muy distinta es dejar de ser la musa de Alfred Hitchcock para ponerse una coronita en el centro de Europa.

Sin embargo, a pesar de que hoy ya no es habitual, en esa época, dejar la carrera para formar una familia no era ninguna proeza. Era la norma. Las mujeres que trabajaban en una oficina, por ejemplo, no estaban muy bien vistas. Trabajar era vulgar; era para chicas de clase media o clase media baja que en general terminaban como amantes de sus propios jefes porque nadie las tomaba en serio. Las mujeres de buena familia no trabajaban y menos en una oficina. Como mucho eran maestras hasta que se casaban, se dedicaban a su familia y eran felices con el último modelo de lavarropas y los primeros tupperwares.

El apartamento, una de las mejores películas de Billy Wilder, cuenta la historia de una chica adorable —Shirley McLaine— que trabaja como ascensorista en una gran empresa. Hoy, medio siglo después, parece una comedia sencilla, pero en esa época reflejo la complicada realidad de las mujeres jóvenes de clase media que tenían que trabajar para subsistir. Fue, para las espectadoras, el espejo triste y arrugado de la amante que pasa sola las fiestas o que espera en vano al lado del teléfono.
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